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¿Te va a sostituir un algoritmo?

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¿Te va a sostituir un algoritmo? Es el título del ensayo de Lucía Velasco, economista que se ha especializado en el impacto social de la tecnologia. Experta independiente de la Comisión Europea, su prioridad es que la tecnología esté al servicio de la sociedad y no al revés.

Te levantas y consultas tus redes sociales. Miras el tiempo en el móvil para decidir la ropa que te pones.” Hay más móviles que personas: Si al principio eran herramientas que mejoraban nuestra vida cotidiana, ahora parecen haberse apoderado de ella. Un cambio, sin duda, acelerado por la pandemia que nos vio a todos distanciados y separados en medio de la proliferación de las videollamadas. Las redes sociales se habían convertido en el único espacio común en el que relacionarnos. Horas y horas hojeando vídeos, pero también produciendo contenidos para gritar al mundo que nosotros también existíamos, cada uno dando su opinión, debates encarnizados que también tenían consecuencias en la salud mental.

Instagram, YouTube, LinkedIn, Facebook, suman más de 60 millones de usuarios en España. La rápida expansión y transformación del mercado tecnológico se refleja en la sociedad y en el mundo laboral. Lucía Velasco estima que 85 millones de empleos serán sustituidos por la inteligencia artificial en los próximos años, pero al mismo tiempo se crearán 97 millones nuevos. El tema central del ensayo es llamar la atención sobre cómo se producirá esta transición.

Es necesario gestionar cuidadosamente el proceso de digitalización

Estamos en el umbral de uno de los grandes cambios destinados a transformar para siempre nuestra vida cotidiana. Los jóvenes de hoy, a la frustración del futuro incierto de sus carreras, deben añadir la angustia de ser sustituidos por un algoritmo. No es un futuro lejano; por poner dos ejemplos, la conocida cadena de ropa Zara y el banco BBVA ya han comenzado a digitalizar sus servicios. A nivel mundial, entre 2020 y 2024, las inversiones directas en transformación digital alcanzarán aproximadamente los 8 millones de euros.

Esta transición de época, según la autora, afecta a varios frentes, en los que los gobiernos nacionales desempeñarán un papel central. No todos los territorios reaccionarán de la misma manera, en España, escribe, falta una conciencia común del impacto que tendrá la digitalización, por lo que es necesario empezar ya a recopilar datos para estudiar el cambio que nos afecta. El mercado laboral debe ofrecer nuevas formas contractuales, un sistema de protección social y protección para todas aquellas personas que no puedan reinsertarse por falta de cualificación. En este sentido, el desarrollo de un nuevo tipo de educación será crucial: “Todo está cambiando rápidamente y la educación no sigue el ritmo.”

Proteger a los trabajadores

Por eso es necesario, en primer lugar, dar la debida importancia a este cambio que ya se está produciendo, hacer un análisis del país recopilando datos sobre el mercado laboral para tener claro cuántas y cuáles personas están en riesgo respecto a la automatización de su profesión. Velasco propone un pasaporte digital, es decir, un sistema de certificación basado en competencias y no en cualificaciones individuales, pero también un fondo personal para la formación continua, porque para permanecer en una sociedad cambiante nunca hay que dejar de estudiar para responder mejor a los cambios.

Es importante proteger a las personas más allá del propio trabajo: mediante nuevas formas contractuales, el estudio de los efectos del uso masivo de medios tecnológicos sobre la salud mental. Regular los derechos digitales en el ámbito laboral y garantizar la participación de las mujeres, que corren el riesgo de ser más discriminadas en este proceso de transformación.

Los poderes del algoritmo sobre el ser humano

Por último, dos propuestas me parecen especialmente destacables: una va encaminada a acabar con la mercantilización pasiva de todos los usuarios que ceden sus datos sin saberlo, que al navegar por la red creen que son el “consumidor” y en cambio ahora se han convertido en el “producto”. El economista propone que los datos se consideren un capital que debe incluirse en los balances de las empresas como activo inmaterial, pero queda abierta la cuestión de cómo podrían redistribuirse las ganancias de la digitalización recompensando a los creadores del valor de los datos y/o gravando a quienes los utilizan.

La otra propuesta se centra en un aspecto más ético: crear una autoridad que controle los algoritmos para que los sistemas automatizados en los que se delegan las decisiones no vulneren los derechos de las personas. Hay que garantizar que siempre sea un ser humano el que tome la decisión última sobre otro ser humano. Las reflexiones de este ensayo, y abordadas aquí en parte, se desarrollaron también en la Comisión Europea y en el Foro de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Se trata de una cuestión que concierne, tarde o temprano, a todos los países y que, si no se aborda a tiempo, será muy difícil de gestionar sin crear una nueva gran pobreza. Aquí puedes leer un artículo mío sobre la evolución del mercado laboral con respecto a las nuevas tecnologías a partir de las reflexiones de este ensayo.

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