Un viaje fascinante al mundo de Dinterbild

Leer Crónicas de Dinterbild es volver a esa sensación que teníamos de niños, hambrientos de historias, ansiosos por descubrir una nueva aventura una y otra vez. Peppe Millanta nos cuenta un mundo que, perdido en los recovecos de la memoria, explota con sus maravillas e incertidumbres.
El libro, publicado en italiano por Neo Edizioni, es un “sprecuela”, es decir, una secuela que también es una precuela de Vinpeel de los horizontes (Edicola Ediciones). En el pueblo de Dinterbild solo quedan Ned y el señor Biton, pues sus habitantes han partido en globos aerostáticos. Ned y Biton tienen un proyecto: dejar la isla. Para lograrlo, necesitan la ayuda del mar, de las esperas, de las mareas, pero sobre todo de las conchas marinas. Porque es dentro de ellas donde se guardan las historias de los habitantes de Dinterbild.
Así, concha tras concha, los dos las acercan al oído y escuchan. Recogen, distribuyen las conchas con precisión meticulosa para su plan. Dentro de esas historias también buscan su propia identidad, escudriñan entre las memorias y los dolores de aquellas voces lejanas y, sin embargo, tan familiares.
La novela, que en parte se asemeja a una colección de relatos, se desarrolla entre acontecimientos trágicos y discusiones cómicas en una atmósfera surrealista, coherente y cautivadora.
Los antiguos habitantes de Dinterbild están ausentes; los conocemos y los percibimos a través de los pensamientos que han dejado custodiados en las conchas. Sus historias son una vía de escape hacia nuevos horizontes, son como las migas de Pulgarcito que nos dejan pequeños indicios, que señalan un posible camino. Entre los recuerdos se abre paso la melancolía, se descubren habitaciones ocultas donde cada uno guarda en secreto un poco de sí mismo.
Peppe Millanta sumerge al lector en un realismo mágico hecho de susurros, aroma a mar y el sueño de encontrarse en el Otro Lugar, dondequiera que esté.

