LabArt: Congreso Internacional para Jóvenes Artistas
Del 31 de agosto al 4 de septiembre de 2025 Madrid acogió LabArt – Living, Thinking, Making. International Congress of Young Artists, un congreso internacional dedicado a jóvenes creativos procedentes de distintos países. La iniciativa, celebrada en el Centro Mariápolis Luminosa de Las Matas, ofreció cinco días de encuentros, talleres y mesas redondas, creando un espacio de intercambio y experimentación en el que el arte fuera entendido no solo como expresión estética, sino también como experiencia comunitaria y espiritual.
El congreso reunió a artistas visuales, escritores, cineastas y académicos, abordando temas como la función social del arte, la vocación artística y el papel de la comunión. Esta última, palabra clave de todo el programa, fue concebida como la capacidad del arte de generar vínculos profundos entre quien crea la obra y quien la recibe, transformando la experiencia artística en un encuentro auténtico.
En este contexto tuvo lugar el diálogo con Stefano Redaelli, escritor y docente, que desde hace años explora en sus novelas los límites sutiles entre normalidad y locura, entre dolor y transformación. A su invitación tuve el placer de intervenir junto a él en una conversación dedicada a la función social del arte, con especial atención al tema de la salud mental.
La función social del arte con Stefano Redaelli


En la novela Ombra mai più (Neo Edizioni) —que he traducido al español con el título Sombra nunca más (Contrabando Ediciones), de próxima publicación — Redaelli escribe: “Son pocos los que cuentan la suerte del loco después de la reforma Basaglia.” Y fue precisamente desde ahí que partimos. Son numerosos, de hecho, los productos que, queriendo poner en el centro la temática de la salud mental, corren el riesgo de espectacularizar y reforzar los estereotipos ligados a los pacientes. El imaginario que se genera crea una especie de fascinación por el mundo de la locura, desinformación y distancia. El manicomio corre el riesgo de quedar relegado a la memoria histórica y, con su desaparición, también la salud mental corre el riesgo de ser tratada como un tema del pasado.
Un diálogo contemporáneo resulta, en cambio, más necesario que nunca. Es fundamental hablar también del “después de Basaglia”, paralelamente al trabajo de memoria que muchas realidades llevan adelante de forma ejemplar. En este sentido, el arte, como poderoso medio capaz de hablar a nuestro inconsciente y a nuestras emociones, puede desempeñar un papel importante en el abordaje del mundo de la enfermedad mental y contribuir a derribar el estigma. La palabra pasó espontáneamente a los artistas presentes, quienes compartieron sus experiencias personales y su acercamiento a la obra de arte a través de una pluralidad de lenguajes.
LabArt, un espacio para compartir y enriquecerse mutuamente


El diálogo puso de relieve cómo el arte y la literatura pueden abrir grietas en la percepción del malestar psíquico, devolviendo voz a quienes corren el riesgo de permanecer invisibles. La función social del arte se reveló así no solo como testimonio, sino como posibilidad de transformación: un lugar en el que la fragilidad se convierte en relato colectivo y la palabra en experiencia de cuidado.
Stefano Redaelli repasó además los orígenes de su acercamiento al tema de la salud mental a través de la escritura: desde los diarios de la Comunidad de Sant’Egidio, en los que la palabra más recurrente era libertad, hasta el encuentro con los pacientes de la estructura psico-rehabilitativa de su ciudad natal, para continuar después estudiando y profundizando en el mundo de la locura. Se trata de un recorrido desarrollado a lo largo de los años para devolver, a través de la literatura, una historia que tuviera en cuenta la responsabilidad ética del escritor al narrar el sufrimiento psíquico, situando así en el centro el respeto hacia todas aquellas personas que compartieron sus fragilidades.
Iniciativas como LabArt muestran lo importante que es ofrecer espacios en los que el arte se convierta en ocasión de intercambio, escucha y crecimiento compartido. Participar fue para mí una experiencia realmente enriquecedora: tuve la oportunidad de encontrar a jóvenes artistas de realidades diversas y de presenciar su participación activa y apasionada. Fue hermoso ver cómo, a través de sensibilidades y trayectorias distintas, se creó una comunidad capaz de dialogar y de generar nuevas perspectivas. Me llevo conmigo la mirada curiosa sobre el mundo de las personas que conocí, así como su marcada sensibilidad.



